De nuevo, mirando escaparates {Jessica}

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De nuevo, mirando escaparates {Jessica}

Mensaje por Invitado el Dom Jul 22, 2012 9:14 am

Mandla se encontraba paseando por el callejón, lamiendo un polo de naranja. Iba vestida con unos shorts tejanos, y una camisa abierta, debajo se veía una blanca, y aun así era bastante escotada. Los altos zapatos de tacón, enseñaban a la gente el buen equilibio que tenía la serpiente. Se paró mientras devoraba el polo a ver el escaparate de la tienda de artículos de Quidditch, lo cierto es que una escoba en ese momento no le iría nada mal, o por lo menos un estuche para los cuidados de la suya.

No es que fuera la más vieja la suya, pero a una le gustaba ir a la última en todo. Paseó por las estanterías, pasando un dedo por éstas, acariciando el contenido, abriendo alguna caja, husmeando por ahí, viendo que era lo mejor y lo más caro, la pequeña de los Stuart necesitaba gastar dinero urgentemente en aquella tienda, donde el olor a escobas nuevas lo impreganaba todo. Sin darse cuenta de que chocó. - Oh! Lo sien... - No acabó la frase al ver que se trataba de la atractiva Jessica Sutcliff, de su casa, de su curso, tal vez un año más mayor. Pero alguien con quien Amandla no duraría ni un segundo en acosatarse.
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Re: De nuevo, mirando escaparates {Jessica}

Mensaje por Invitado el Dom Jul 22, 2012 9:52 am

Había ido temprano al callejón, necesitaba ir a recoger un pedido que habían hecho mis tíos y luego regresar a encerrarme en la inmunda mansión. Pero esta vez no habían mandado a ningún elfo a vigilarme, lo sabía porque las pequeñas criaturas siempre me avisaban cuando les ordenaban aquello. Así que me aparecí con toda la tranquilidad del mundo, en uno de los miles de oscuras y pequeñas callejuelas que formaban el callejón Knockturn.

Pasé alrededor de una hora dentro de la famosa tienda Borgin & Burkes, no solo había resultado que el pedido no estaba terminado sino que me encantaba la magia negra y podía pasar largo rato analizando los objetos valiosos y también peligrosos que había a la venta. Tenía la suerte de que el señor Borgin no tenía nada en mi contra y sabía que mi familia le daba grandes cantidades de dinero por simples encargos. Así que inspeccioné el repertorio de libros sobre las artes oscuras y en un estante encontré una pequeña caja de música que llamó mi atención.

Una vez salí de la tienda con el encargo de mis tíos en un paquete envuelto en papel de madera y la caja musical en otra cajita más pequeña y adornada en papel de regalo. Ambos paquetes estaban en una bolsa con forma de caldero que había encontrado en una tienda de brujas hacia un mes atrás. Pero a pesar de que ya tenía lo que buscaba e incluso me había cumplido un pequeño capricho no quería volver. Así que acabé dando vueltas en el callejón Diagon.

Como no me importaba que me vieran salir del oscuro callejón salí de lo más normal y decidí dar una vuelta por la librería Flourish & Blotts. Pero de camino iba observando los escapartes y algo llamó mi atención.

-Necesito un par de guantes nuevos, rodilleras y gafas para el viento-me recordé a mi misma mientras me desviaba del camino.

Acabé en la tienda con los mejores artículos de calidad para el quidditch y tomando un caldero comencé a llenarlo con mi compra del mes. Encontré unos bonitos guantes de piel de dragón que eran de un brillante color verde y conseguí el último par de rodilleras de mayor resistencia, ya que no me gustaba caer desde gran altura y que las rodilleras se partieran y astillaran mis piernas.

Sin embargo estaba observando las nuevas escobas, sopesando si en verdad necesitaba cambiar la mía. El modelo que estaba usando en los partidos ya era algo viejo, pero eso no le quitaba lo bueno que era. Prefería tener una escoba de buena calidad que la ultima que salía en el mercado. Aún así la de ese año parecía demasiado tentadora... Estuve a punto de tomarla cuando alguien me llevó por delante y me hizo retroceder.

-¡Pero ten más cuidado, idiota!-protesté con momentánea ira.

Mas cuando volví la vista hacia el desubicado que me había llevado puesta noté que era una chica. No, no era cualquier muchacha tonta. Allí estaba una compañera del colegio, una serpiente más chica pero tenía un poco de inteligencia. Y lo que le faltaba de cerebro lo compensaba en belleza, me relamí los labios y decidí que dejaría pasar lo ocurrido, al menos por el momento.

-¿Qué hay de nuevo, Stuart?-pregunté a modo de saludo mientras me arreglaba el vestido color esmeralda que me había puesto para la ocasión.
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